FIEBRE DEL ORO EN CANADÁ
La famosa fiebre del oro fue todo un suceso
en la historia de Canadá. Hombres de todo el mundo
se arrojaron a la aventura, al desafío de enfrentarse
a las adversidades de un clima extremadamente hostil y un
terreno que planteaba semejantes condiciones. A menudo, eran
muchos los que abandonaban, fracasaban tras dedicar un buen
tiempo de sus vidas, pero otras veces, los más perseverantes
conseguían la fortuna que habían soñado
cuando emprendieron el viaje.
Una de las más famosas fue la Fiebre
del oro del Cañón Fraser. Ocurrió en
1858 después de que el oro fuera descubierto en el
río Thompson en su confluencia con el río Nicoamen,
unas pocas millas río arriba desde la confluencia del
Thompson con el Fraser en donde hoy se ubica Lytton. Las noticias
sobre el descubrimiento, ya habiendo comenzado el oro a ser
extraído hacía unos pocos años pero sin
haberlo hecho público, se esparcieron hacia San Francisco
cuando el gobernador de la Colonia de la Isla de Vancouver,
James Douglas, envío un cargamento del mineral a esa
ciudad.
En 1894, preocupados por la afluencia de
mineros estadounidenses y por el comercio de alcohol, el gobierno
canadiense envió al inspector Charles Constantine a
realizar un informe del estado del Yukon. Constantine pronosticó
acertadamente una fiebre del oro y recomendó enviar
urgentenemente una fuerza armada para asegurar la soberanía
canadiense y recolectar los impuestos. Volvería al
año siguiente con un grupo de 20 hombres. La NWMP funcionó
correctamente en la fiebre del oro de Klondike, que empezó
en 1896, bajo el mando de Constantine y su sucesor, Sam Steele.
Bajo su vigilancia, la fiebre del oro evolucionó de
forma pacífica.
La NWMP, además de las actividades
policiales, recolectó los impuestos, promulgó
una serie de órdenes como inspecciones obligatorias
de las embarcaciones que recorrían el río Yukon
o la creación de un “tiquet azul” que les
permitía expulsar a los que identificaban como “indeseables”.
En general, su gestión de la situación fue considerada
un éxito. La Policía Montada toleraba ciertas
actividades ilegales como el juego y la prostitución.
Por otra parte fracasó en asegurar el orden y la soberanía
canadiense en Skagway, Alaska. Por aquella época se
discutió en el parlamento la disolución de la
Policía Montada, pero su ejercicio durante la fiebre
del oro había sido tan notable que le había
reportado fama mundial, y a la postre este prestigio fue el
que aseguró su continuidad.
La fiebre del oro atrajo a chinos y estadounidenses
de una manera abrumadora, aunque también una mezcla
europea políglota que incluía una gran cantidad
de alemanes, escandinavos, eslavos y europeos meridionales,
así como también mexicanos, centro y sudamericanos
y antillanos, entre otros.
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