Caravaning Canadá
El Caravaning es una de las modalidades turísticas
más excitantes que ofrece el territorio canadiense.
Consiste en alquilar un vehículo o caravana (una roulotte)
y echarse a la carretera. Sucintamente es eso. Aunque haya
que cumplir (como es lógico) con una serie de prescripciones
y reglamentos.
La cosa se desarrolla como sigue. El cliente
o clientes (habitualmente una familia o grupo de amigos) llega
al aeropuerto de Calgary o Vancouver. Uno pernocta en la ciudad,
si es sábado: el lunes siguiente vendrán a buscarlo
con el vehículo, que previamente el cliente habrá
escogido.
Uno mete a la familia en la carabana y ya
está preparado para adentrarse en lo más salvaje
de la naturaleza canadiense. Hay una serie de rutas sugeridas
que pueden cubrir programas de unos quince dias. Rutas habituales
son las que recorren la parte oeste del Canadá. Es
necesario tener en cuenta que durante la noche hay que estacionar
la carabana en lugares específicos: campings cuya localización
viene en el programa de ruta, en el itinerario sugerido. Al
caer la noche es pues necesario hallarse cerca de uno de estos
emplazamientos. Estamos en contacto con la empresa proveedora
del servicio las 24 horas, por si surgiera algún problema
durante la ruta.
Un ejemplo de itinerario sugerido por el
proveedor al cliente, en el oeste del Canadá: el primer
dia del itinerario nos llegamos hasta el Parque Nacional de
Banff. Contemplamos allí las cascadas del rio Bow y
el lago Minnewanka. Descubrimos el pueblo de Bankk,en el que
podemos aprovisionarnos. Podemos incluso tomar un teleférico
para alcanzar la cima de la montaña Sulphur. Al dia
siguiente abandonamos Bankk y nos llegamos hasta el pueblo
de Lake Louise. Contemplamos el cañon Johnston y el
lago Moraine. La jornada siguiente (tras ir pernoctando en
los campings sugeridos en la guia) nos llegamos hasta el Parque
Nacional de Jasper y disfrutamos de las vistas prodigiosas
y de la proximidad de la vida salvaje de las Rocosas. Y así
sucesivamente, durante dos semanas.
A medida que con nuestro Caravaning vamos
devorando kilómetros por carreteras y caminos canadienses,
es mucho y fascinante lo que puede salirnos al paso. No sólo
la desmesura de los escenarios geográficos del oeste
del Canadá, las Rocosas canadienses por ejemplo. Podemos
atravesar Parques Naturales, espacios especialmente protegidos
que incluyen una determinada flora y fauna. Podemos cruzarnos
con determinados animales que deambulan por la zona, igual
que deambulamos nosotros. Podemos avistar un oso, por ejemplo.
No hay que acercarse a menos de cien metros. Y no hay que
dar de comer a ningún animal que encontremos (está
rigurosamente prohibido), ya que podríamos introducir
en él cambios de comportamiento que causasen luego
alguna complicación en las poblaciones humanas vecinas.
Hay que seguir pues una serie de normas. Hay que devolver
el caravaning con el depósito lleno y en buen estado,
y limpio.
Podemos hacernos -y debemos- la ilusión
de ser colonos o exploradores que avanzan a través
de un escenario no hollado y salvaje -aunque el motor de explosión
que nos traslada no ayude al mantenimiento de esa ilusión.
Un modo de aprovechar el viaje es rendirse a esa fascinación.
Pero no olvidemos que la realidad es algo diferente: nos movemos
no a través de la naturaleza en estado salvaje, sino
a lo largo de un entramado Natualeza-Cultura o Naturaleza-Civilizacion
Tecnológica. Esto significa que en cualquier momento
alguien al otro lado del hilo -la empresa que nos ha ofrecido
los servicios de caravaning- puede resolvernos cualquier problema
estipulado en el contrato. Pero significa también que
hemos de ceñirnos a los reglamentos de la Civilización.
Lo cual no quiere decir que no podamos jugar
a olvidarnos de la presencia de esa Civilización que
nos lleva en su regazo. Jugar a colonos. Y disfrutar plenamente
de los escenarios. Escenarios que sacuden cualquier sensibilidad,
incluidas las más urbanas y adormecidas.
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