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Quebec descubre las autonomías

Los conservadores pueden gobernar la provincia francófona de Canadá al ‘‘modernizar el nacionalismo’’ y poner fin al bipartidismo de soberanistas e independentistas. Los conservadores pueden gobernar la provincia francófona de Canadá al ‘‘modernizar el nacionalismo’’ y poner fin al bipartidismo de soberanistas e independentistas. Parecía que ya quedaban pocas sorpresas en el mundo de los nacionalismos, pero cuando se agotan las viejas ideas siempre queda desenterrar las de antaño y convertirlas en nuevas. Así es como Quebec acaba de descubrir el concepto de las autonomías, puesto de moda por un joven conservador que se ha convertido de la noche a la mañana en estrella de la política.

A lo largo de 33 días de campaña, que culminaron el lunes con las elecciones más insólitas de la historia moderna del país, Mario Dumont, de 36 años, líder del partido Acción Democrática de Quebec (ADQ) ha logrado aparcar el proyecto de la independencia que ha dividido al país durante los últimos 40 años. A cambio, los quebequenses se han subido a su proyecto de una autonomía dentro de Canadá, para el que ha prometido abrir lo antes posible conversaciones constitucionales con el gobierno central de Ottawa.

Hasta ese día el mapa político de la segunda región más poblada de Canadá prácticamente repartía los 125 escaños del parlamento provincial entre el Partido Liberal de Quebec en el poder y el Partido Quebequés, de corte socialdemócrata e independentista. El ADQ, con sólo cinco escaños, resultaba casi simbólico, y muchos se reían de las aspiraciones del joven Dumont, que prometía triplicar sus 5 disputados para obtener el estatus de oposición oficial que se reconoce a las formaciones con más del 20% de los votos, y que por tanto obtienen fondos económicos del estado. La gran sorpresa es que no sólo sobrepasó los 12 necesarios, sino que llegó hasta los 41. La ADQ incluso estuvo a punto de ganar en la circunscripción del actual gobernador Jean Charest, que tuvo que retrasar el anuncio de la victoria porque igual se quedaba sin escaño.

Se trata del primer gobierno en minoría que tiene la provincia en 130 años, con una esperanza estadística de dos años de vida. El conejo que Dumont se ha sacado de la chistera para provocar este terremoto político está inspirado precisamente en el modelo español de las autonomías, que visto desde Canadá ha resultado innovador y fresco.

Posible referéndum
El Partido Quebequés, que estaba convencido de poder arrebatar la victoria a los liberales, había prometido si ganaba un nuevo referéndum independentista, con la esperanza de arrancar esta vez ese punto que les dejó en la cuneta en 1995. En aquella ocasión, el ADQ estaba de su parte, pero Dumont ha advertido que no volverá a apoyar un proceso que “sólo sirve para dividirnos”.

Su fórmula es la de aparcar las divisiones y negociar con el gobierno de Ottawa para obtener más poderes económicos y administrativos. La etiqueta ha cuajado, especialmente entre los núcleos rurales con los que el conservador ha sabido identificarse, cansados de un líder separatista que viste trajes italianos, es abiertamente gay y reconocido el uso de cocaína. Muchos analistas creen que el independentismo en Quebec necesita librarse de la figura de André Boisclair para remontar un día e ir a por ese tercer referéndum.

Mientras, la tercera vía del ADQ tiene el terreno despejado para desarrollar ese concepto de autonomía del que muy pocos saben más que se trata de pedir dinero a Ottawa. En su búsqueda de inspiradores para aclarar un concepto que consideran “vago” miran hacia la modernidad catalana, y evitan pasar por el País Vasco por sus connotaciones terroristas.

El mismo Dumont ha dado pocas pistas: “modernizar el nacionalismo” y “reafirmar sin romper, unir más que desunir”. El resultado electoral le deja como llave de gobierno para un Partido Liberal que repite mandato, muy debilitado y en minoría, y con un partido independentista de tercero, cuyo descalabro puede propiciar elecciones generales en el país, ahora que no suponen una amenaza para el primer ministro Stephen Harper, que gobierna en minoría.

Harper, también conservador, puede encontrar una aliado en Dumond. Al fin y al cabo tienen en común la aplicación de formulas creativas, como la moción parlamentaria con la que el primer ministro desarmó a los independentistas al reconocer a la provincia francófona como “una nación dentro de Canadá”.

Fuente: M.Gallego L.P. / Washington / lasprovincias.es

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